Llegamos bien. Claro que,
las cosas no siempre salen como una se las imagina. Tenía planeado dormir las
cinco horas del vuelo, porque tan pronto llegáramos a Islandia íbamos a empezar
el recorrido.
Pero el vuelo no salió a
la hora programada y en realidad no logré dormir tanto como me hubiera gustado.
Alrededor de mi asiento había muchos bebés que nada más no se dormían y uno en
particular estuvo gritando un buen rato. A lo mucho dormí dos horas, tal vez
tres.
Llegamos a Keflavík, que
por cierto es un aeropuerto hermoso, cerca de las ocho de la mañana. No había
cola en inmigración y pasé muy rápido.
El vuelo de mi amiga se retrasó aún más que el
mío, así que la esperé en las bandas de equipaje. Cuando llegó, fuimos directo
por el coche y nos fuimos. Rentamos el coche en lo que creo que es una compañía
local y estuvo maravilloso. El muchacho que nos atendió fue muy amable.
Rentamos también un router portátil para poder movernos sin problemas en la
isla, y, hasta ahora, éste ha sido nuestro mejor amigo.
Encontré que los islandeses son muy amables y
gente feliz, y las mujeres son verdaderamente hermosas. Primero paramos en un súper.
Compramos algunas cosas y empezamos a manejar. Yo planeé los cuatro días del
viaje, porque no quería pasar el poco tiempo que íbamos a pasar ahí tratando de
averiguar a dónde ir.
Así que sabíamos a dónde
ir y cuánto tardaríamos en llegar. Manejar en Islandia es como ir manejando por
un libro de cuentos, una serie de televisión o una película de fantasía. El
paisaje te deja sin palabras. Las nubes se mueven constantemente, lo que
provoca un espectáculo de luz como en ningún otro lado. Todo es verde y casi no
hay árboles. Por todos lados hay caballos, vacas y borregos. Y el aire es…el
aire es puro y limpio. Estar en Islandia renueva el espíritu sin siquiera
intentar hacerlo.
Los islandeses manejan de
manera agresiva, lo que al principio me asustó un poco, pero yo me adaptó
rápidamente, así que creo que ya parecía una islandesa más (según yo). Hay que
tener cuidado con los animales en la carretera, y no hablo de perros ni
venados. En algún momento, un coche en frente de nosotros dio un volantazo
porque un pájaro volaba muy bajo sobre la carretera y a mí me pasó lo mismo,
solo que mi pájaro iba caminando por la carretera.
Visitamos un par de
cascadas increíblemente hermosas. Estar ahí, viéndolas, es algo extraordinario
y nos encantó, además disfrutamos cada segundo de estar ahí. También visitamos
la Playa negra (black beach) que tiene unas formaciones rocosas muy
impactantes. No teníamos planeado ir a esta playa y estaba un poco más lejos de
lo esperado, pero valió toda la pena.
Terminamos en día en la Laguna Azul, que
estuvo lindo, pero creo que no soy el tipo de persona para un lugar así. La
verdad prefiero caminar entre bellezas naturales y llenarme los zapatos de
lodo, lejos de la gente.
El hecho de que es verano y que en realidad
nunca oscurece hace que vivas un poco confundida. A las diez de la noche parece
que son las tres de la tarde y se me olvidó que es posible que las tiendas ya
estuvieran cerradas. Pero bueno.
Estoy enamorada de este
lugar. Pensé que no iba a poder sobrevivir todo el día sin dormir una siesta en
algún momento, ya que no dormí mucho que digamos. Pero mi emoción de estar ahí
pudo más y duré despierta incluso más de lo que me hubiera imaginado. Como me
dijo un amigo: “es la magia de ese lugar”.
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