Sunday, July 17, 2016

Y...¡ya llegamos!


Llegamos bien. Claro que, las cosas no siempre salen como una se las imagina. Tenía planeado dormir las cinco horas del vuelo, porque tan pronto llegáramos a Islandia íbamos a empezar el recorrido.


Pero el vuelo no salió a la hora programada y en realidad no logré dormir tanto como me hubiera gustado. Alrededor de mi asiento había muchos bebés que nada más no se dormían y uno en particular estuvo gritando un buen rato. A lo mucho dormí dos horas, tal vez tres.


Llegamos a Keflavík, que por cierto es un aeropuerto hermoso, cerca de las ocho de la mañana. No había cola en inmigración y pasé muy rápido.


El vuelo de mi amiga se retrasó aún más que el mío, así que la esperé en las bandas de equipaje. Cuando llegó, fuimos directo por el coche y nos fuimos. Rentamos el coche en lo que creo que es una compañía local y estuvo maravilloso. El muchacho que nos atendió fue muy amable. Rentamos también un router portátil para poder movernos sin problemas en la isla, y, hasta ahora, éste ha sido nuestro mejor amigo.

Encontré que los islandeses son muy amables y gente feliz, y las mujeres son verdaderamente hermosas. Primero paramos en un súper. Compramos algunas cosas y empezamos a manejar. Yo planeé los cuatro días del viaje, porque no quería pasar el poco tiempo que íbamos a pasar ahí tratando de averiguar a dónde ir.

Así que sabíamos a dónde ir y cuánto tardaríamos en llegar. Manejar en Islandia es como ir manejando por un libro de cuentos, una serie de televisión o una película de fantasía. El paisaje te deja sin palabras. Las nubes se mueven constantemente, lo que provoca un espectáculo de luz como en ningún otro lado. Todo es verde y casi no hay árboles. Por todos lados hay caballos, vacas y borregos. Y el aire es…el aire es puro y limpio. Estar en Islandia renueva el espíritu sin siquiera intentar hacerlo.


Los islandeses manejan de manera agresiva, lo que al principio me asustó un poco, pero yo me adaptó rápidamente, así que creo que ya parecía una islandesa más (según yo). Hay que tener cuidado con los animales en la carretera, y no hablo de perros ni venados. En algún momento, un coche en frente de nosotros dio un volantazo porque un pájaro volaba muy bajo sobre la carretera y a mí me pasó lo mismo, solo que mi pájaro iba caminando por la carretera.


Visitamos un par de cascadas increíblemente hermosas. Estar ahí, viéndolas, es algo extraordinario y nos encantó, además disfrutamos cada segundo de estar ahí. También visitamos la Playa negra (black beach) que tiene unas formaciones rocosas muy impactantes. No teníamos planeado ir a esta playa y estaba un poco más lejos de lo esperado, pero valió toda la pena.


Terminamos en día en la Laguna Azul, que estuvo lindo, pero creo que no soy el tipo de persona para un lugar así. La verdad prefiero caminar entre bellezas naturales y llenarme los zapatos de lodo, lejos de la gente.


El hecho de que es verano y que en realidad nunca oscurece hace que vivas un poco confundida. A las diez de la noche parece que son las tres de la tarde y se me olvidó que es posible que las tiendas ya estuvieran cerradas. Pero bueno.

Estoy enamorada de este lugar. Pensé que no iba a poder sobrevivir todo el día sin dormir una siesta en algún momento, ya que no dormí mucho que digamos. Pero mi emoción de estar ahí pudo más y duré despierta incluso más de lo que me hubiera imaginado. Como me dijo un amigo: “es la magia de ese lugar”.


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