Los días aquí son tan largos que al cuerpo le cuesta
seguirle el ritmo a la mente. En esta época del año nunca oscurece en Islandia
y esto provoca que creas que hay que seguir haciendo cosas aunque el cuerpo ya
no dé para más y que ni cuenta te des de todo lo que has hecho en el día.
En mi entrada de ayer se
me olvidó mencionar que al final del día fuimos a otro lugar: el Parque
Nacional Thingvellir, que ha sido declarado patrimonio cultural de la humanidad
por la UNESCO. El parque es muy grande y llegamos a eso de las 8:30 pm. Estábamos
muy cansadas ya y no teníamos mucha energía para explorarlo tanto como nos
hubiera gustado.
Además, teníamos la
intención de llegar a una catarata que creímos que estaba a 40 minutos de ahí
camino a casa, pero en realidad estaba a cinco horas y media hacia el noreste.
Esta confusión surgió porque la catarata a la que queríamos ir se llama igual
que una población, como sucede con mucha frecuencia por estos lares.
Volviendo al tema, este parque es algo muy
interesante porque, como pueden leer en este enlace, “es la parte elevada y
visible de la dorsal Atlántica que separa las placa tectónicas de Noramérica
y Eurasia" y parte de eso es lo que
se ve en las fotos. Además,
históricamente es un lugar muy interesante.
Nos encantó. Después manejamos a Selfoss creyendo
que íbamos a la catarata, cuando en realidad solo llegamos a una población, así
que nos seguimos hasta la casa.
Sobra decir que la idea
de un viaje por carretera es manejar para poder llegar a lugares increíbles y
eso a veces significa pasar casi todo el día en el coche. Esa no era la idea de
este viaje, pero al planearlo tome en cuenta tiempos de viaje que no fueron
precisos. Y eso es otra cosa que hay que tomar en cuenta al hacer este tipo de
viajes: hay que ser flexibles y adaptarse.
Fuimos camino a
Hvítserkur, que es una roca increíble al norte de Reikiavik. Está bastante
lejos, como tres horas. El paisaje del camino fue algo distinto de lo que habíamos
visto en el sur de Islandia, pero igual es muy lindo.
Llegamos y nos bajamos
del coche para darnos cuenta de que hacía mucho viento y frío; a buena noticia
es que nos pudimos tapar bien para estar más cómodas. No nos quedamos mucho
tiempo porque teníamos que regresar a Reikiavik a tiempo para ir a nuestro tour
de avistamiento de ballenas al sol de media noche.
Disfrutamos del paisaje, tomamos fotos y nos
regresamos. Cuando solo nos faltaban 30 minutos para llegar a Reikiavik nos
paramos en un mirador para estirarnos y revise mi correo. Malas noticias:
nuestro tour de avistamiento de ballenas se canceló por las condiciones del
mar, que eran peligrosas. Se nos rompió un poquito el corazón, pero en la
última parte del trayecto el viento estaba tan fuerte que empujaba el coche, y
me asustó un poco, así que sabía que en realidad no había opción.
Fuimos directo al a
agencia para que nos reembolsaran el dinero, pero como lo contraté a través de
otra agencia, tenía que contactar a la otra. Hacía muchísimo frío en Reikiavik
y el viento estaba impresionantemente fuerte. Aprovechamos para cenar en un restaurante
y comer decentemente, porque hasta ahora solo habíamos comido sándwiches para
poder ser prácticas y visitar todos esos lugares maravillosos. Por poco me
quedo dormida en mi cena, ¡estaba muerta de cansancio! Así que creo que fue lo
mejor, así recupero energías que las voy a necesitar para mañana, porque
presiento que va a ser un día inolvidable.