Esta va a ser una entrada
algo larga, pero sé que la disfrutarán. Hoy nos despertamos más temprano para
ir a Dyrhólaey, una de las rocas a la orilla del mar que visitamos hace un par
de días porque queríamos verla más de cerca antes de nuestra caminata sobre el
glaciar. Había planeado bien el día y tenía calculados los tiempos. O eso creí.
Primero fuimos por gasolina y por el café gratuito, que ya era tradición
después de tres días, y el sándwich del día. Disfrutamos del camino como todos
los días. Paramos en otra catarata por la que ya habíamos pasado, pero en la
que no nos habíamos parado, y llegamos a Dyrhólaey.
Bajamos nuestros sándwiches
del coche y nos sentamos a contemplar esa increíble vista. ¡El día estaba hermoso! Incluso me dio calor; pudimos
habernos puesto solo una playera, pero íbamos a nuestra caminata sobre el
glaciar después. Tomamos fotos y nos fuimos al glaciar a una hora que
pensé era incluso conservadora: íbamos a llegar antes de la hora solicitada. El
boleto decía que teníamos que estar ahí 15 minutos antes de empezar a caminar y
nosotros íbamos a llegar 30 minutos antes…
Lo que no había notado es
que por alguna razón confundí los horarios, y pensé que la caminata empezaba a
las 2:30pm, cuando en realidad empezaba a las 2:00pm. Probablemente fue la
magia del país, el hecho de que me sentía muy relajada y feliz o todo al mismo
tiempo. Me di cuenta de mi error cuando estábamos entrando al estacionamiento y
vi a un grupo de gente empezando a caminar. Se me detuvo el corazón ¿Cómo pasó
esto? Me estacioné y salí corriendo del coche mientras mi amiga encontraba el
boleto en su teléfono y nos acercábamos a un par de guías que estaban parados
junto a una camioneta de la compañía con la que habíamos comprado la caminata.
Estaba tan preocupada que no dejaba de hablar sin sentido tratando de
explicarle al guía lo que nos había pasado. El guía con toda la calma del mundo
vio el boleto y dijo, “Sí, esta es la caminata”. De inmediato le pregunté si
podía esperar a que agarráramos nuestras cosas y a ir al baño (tengo el tino de
tener que ir al baño en los peores momentos). Sí nos esperó. El grupo ya estaba
listo para salir, así que uno de los guías empezó a caminar con ellos y el otro
se quedó con nosotros para poner los crampones a nuestra medida. Hace mucho que
no sentía un alivio tan grande; no me hubiera perdonado nunca no haber llegado
a tiempo.
Cuando compramos los
boletos, recibimos un correo que decía que “por un cambio en las condiciones”,
teníamos que caminar 15 minutos del estacionamiento al glaciar, lo que me llamó
la atención, pero no hice mucho caso. Cuando empezamos a caminar el guía nos
explicó que en los dos últimos años gran parte del glaciar se había derretido. Probablemente
no se vea bien en la foto, pero las caminatas en el glaciar antes empezaban
donde está el estacionamiento, y ahora hay que caminar 15 minutos sobre tierra
para poder empezar la caminata en el glaciar.
He interpretado en conferencias cuyo tema
principal es el cambio climático. He aprendido mucho sobre lo que está
sufriendo nuestro hermoso mundo directo de los expertos. Sin embargo, verlo es
muy distinto que saberlo. Lo primero que le pregunté al guía fue que si estas
caminatas tenían un efecto negativo en el glaciar y me contestó que no.
Podríamos pensar que lo dijo porque se dedica a guiar esas caminatas, pero en
realidad su respuesta tenía lógica. Nos dijo que la ceniza de los volcanes y el
cambio en las temperaturas son lo que más afectan al glaciar.
Me encantaron todas y
cada una de las cosas que hicimos en Islandia, pero esta caminata fue lo mejor
de todo. Al llegar al glaciar, alcanzamos al resto del grupo. Los guías nos
explicaron cómo ponernos los crampones y uno de ellos se aseguró de que lo
hiciéramos bien; nos explicaron cómo caminar con los crampones y nos dieron las
instrucciones de seguridad.
En esta época del año, casi
todo el glaciar está cubierto de ceniza volcánica. Uno de los guías nos comentó
que en el invierno, el hielo es tan claro que puedes llegar a ver su gran
profundidad. Nos dijo que hay personas que tienen miedo a las alturas a las que
no les gusta caminar sobre ese hielo tan claro. A mí me hubiera encantado ver
ese hielo; tal vez en el siguiente viaje. La caminata duró alrededor de tres
horas y fue un muy buen esfuerzo físico, de ninguna manera extrema, además de
una increíble experiencia de mucho aprendizaje. Los guías pararon varias veces
para explicarnos cómo se forma el hielo (se necesitan 10 metros de nieve
compacta para formar 1 cm de hielo glacial). Nos enseñaron los tipos distintos
de ceniza volcánica: los viejos y los nuevos. Un tipo de ceniza vieja (de una
explosión de 1918) es tan fina que con el agua del glaciar forma una pasta. El
guía nos comentó que tiene muchos minerales y es un buen aislante. El tipo de
ceniza más nuevo (de una explosión de 2010) es prácticamente pura roca diminuta.
Incluso nos enseñó otra bastante antigua, de un color más claro y que se podía
usar como mascarilla para el cutis: un tratamiento completamente natural.
Bajamos a un lugar en
donde el hielo se veía de un azul increíble y ahí nos explicaron la razón por
la que el hielo tiene distintos colores: el oxígeno y la luz del sol. Entre más
azul es el hielo, más duro es. También tomamos agua del glaciar, al puro estilo
explorador. No todos lo intentaron, por su puesto que yo no perdí la
oportunidad. El problema fue que las dos veces que lo intenté, el guía tuvo que
ayudarme a levantarme (entre que no había dormido mucho y que no paraba de reír
porque no me podía parar, el guía tuvo que ayudarme). No sé cómo describir el
sabor y la frescura del agua; es celestial. Durante la caminata vimos a otros
grupos escalando en hielo y los guías nos explicaron cómo se hacía, además nos
dejaron intentarlo en una pequeña pared que había en una grieta en la que
entramos.
La compañía con la que fuimos a esta caminata
se llama Mountain Icelandic Guides. Tienen distintos tipos de expediciones a
las que espero poder ir algún día. Son expertos en montañas y glaciares. Salen
con grupos pequeños y son extraordinarios. De hecho, hacen expediciones en
Groenlandia y nada más de oírlo agregué Groenlandia a mi lista de lugares que
quiero visitar.
Me fascinó la experiencia y disfruté cada
segundo de las tres horas. Ahí conocimos a dos chavos y una chava de Nueva York
que nos platicaron de una cascada escondida muy cerca de la catarata grande que
está junto al glaciar.
Al terminar la caminata,
nos terminamos nuestros sándwiches y nos dirigimos a la cascada escondida. Por
suerte, mi amiga encontró información en línea de cómo llegar. Una vez que
estacionamos el coche, una pareja venía saliendo de la cascada y nos ayudaron a
confirmar que teníamos que saltar una cerca para llegar. No me deja de
sorprender el hecho de que haya una catarata muy popular a la que todo el mundo
va junto a una cascada escondida de la que muy pocos saben. Creo que pasa con
todas las cataratas populares. Casi toda la información que utilicé para
planear mi viaje la obtuve de blogs. No tengo idea de cómo encuentran esas
cascadas escondidas, supongo que explorando, y después se pasa la voz.
Islandia es una isla muy
grande, aun así una isla. Tiene los paisajes más increíbles que jamás haya
visto. Tiene de todo. A veces, hasta te sientes caminando en un set del Señor
de los anillos. Pero cada vez más gente la visita y algunos lugares ya se están
convirtiendo en lugares turísticos a los que es muy fácil llegar, pero no me
gusta nada. Le quita el encanto. Espero que la mayoría de las cataratas y
lugares tan increíbles que visitamos se queden como están. Los seremos humanos
tendemos a convertir bellezas naturales en construcciones horribles para desde
ahí “apreciarlas”. No es necesario. Espero que aprendamos a respetar la
naturaleza y dejarla en paz.