Monday, August 22, 2016

Tesoros ocultos

Esta va a ser una entrada algo larga, pero sé que la disfrutarán. Hoy nos despertamos más temprano para ir a Dyrhólaey, una de las rocas a la orilla del mar que visitamos hace un par de días porque queríamos verla más de cerca antes de nuestra caminata sobre el glaciar. Había planeado bien el día y tenía calculados los tiempos. O eso creí. Primero fuimos por gasolina y por el café gratuito, que ya era tradición después de tres días, y el sándwich del día. Disfrutamos del camino como todos los días. Paramos en otra catarata por la que ya habíamos pasado, pero en la que no nos habíamos parado, y llegamos a Dyrhólaey.



Bajamos nuestros sándwiches del coche y nos sentamos a contemplar esa increíble vista.  ¡El día estaba hermoso! Incluso me dio calor; pudimos habernos puesto solo una playera, pero íbamos a nuestra caminata sobre el glaciar después. Tomamos fotos y nos fuimos al glaciar a una hora que pensé era incluso conservadora: íbamos a llegar antes de la hora solicitada. El boleto decía que teníamos que estar ahí 15 minutos antes de empezar a caminar y nosotros íbamos a llegar 30 minutos antes…



Lo que no había notado es que por alguna razón confundí los horarios, y pensé que la caminata empezaba a las 2:30pm, cuando en realidad empezaba a las 2:00pm. Probablemente fue la magia del país, el hecho de que me sentía muy relajada y feliz o todo al mismo tiempo. Me di cuenta de mi error cuando estábamos entrando al estacionamiento y vi a un grupo de gente empezando a caminar. Se me detuvo el corazón ¿Cómo pasó esto? Me estacioné y salí corriendo del coche mientras mi amiga encontraba el boleto en su teléfono y nos acercábamos a un par de guías que estaban parados junto a una camioneta de la compañía con la que habíamos comprado la caminata. Estaba tan preocupada que no dejaba de hablar sin sentido tratando de explicarle al guía lo que nos había pasado. El guía con toda la calma del mundo vio el boleto y dijo, “Sí, esta es la caminata”. De inmediato le pregunté si podía esperar a que agarráramos nuestras cosas y a ir al baño (tengo el tino de tener que ir al baño en los peores momentos). Sí nos esperó. El grupo ya estaba listo para salir, así que uno de los guías empezó a caminar con ellos y el otro se quedó con nosotros para poner los crampones a nuestra medida. Hace mucho que no sentía un alivio tan grande; no me hubiera perdonado nunca no haber llegado a tiempo.



Cuando compramos los boletos, recibimos un correo que decía que “por un cambio en las condiciones”, teníamos que caminar 15 minutos del estacionamiento al glaciar, lo que me llamó la atención, pero no hice mucho caso. Cuando empezamos a caminar el guía nos explicó que en los dos últimos años gran parte del glaciar se había derretido. Probablemente no se vea bien en la foto, pero las caminatas en el glaciar antes empezaban donde está el estacionamiento, y ahora hay que caminar 15 minutos sobre tierra para poder empezar la caminata en el glaciar.

He interpretado en conferencias cuyo tema principal es el cambio climático. He aprendido mucho sobre lo que está sufriendo nuestro hermoso mundo directo de los expertos. Sin embargo, verlo es muy distinto que saberlo. Lo primero que le pregunté al guía fue que si estas caminatas tenían un efecto negativo en el glaciar y me contestó que no. Podríamos pensar que lo dijo porque se dedica a guiar esas caminatas, pero en realidad su respuesta tenía lógica. Nos dijo que la ceniza de los volcanes y el cambio en las temperaturas son lo que más afectan al glaciar.

Me encantaron todas y cada una de las cosas que hicimos en Islandia, pero esta caminata fue lo mejor de todo. Al llegar al glaciar, alcanzamos al resto del grupo. Los guías nos explicaron cómo ponernos los crampones y uno de ellos se aseguró de que lo hiciéramos bien; nos explicaron cómo caminar con los crampones y nos dieron las instrucciones de seguridad.



En esta época del año, casi todo el glaciar está cubierto de ceniza volcánica. Uno de los guías nos comentó que en el invierno, el hielo es tan claro que puedes llegar a ver su gran profundidad. Nos dijo que hay personas que tienen miedo a las alturas a las que no les gusta caminar sobre ese hielo tan claro. A mí me hubiera encantado ver ese hielo; tal vez en el siguiente viaje. La caminata duró alrededor de tres horas y fue un muy buen esfuerzo físico, de ninguna manera extrema, además de una increíble experiencia de mucho aprendizaje. Los guías pararon varias veces para explicarnos cómo se forma el hielo (se necesitan 10 metros de nieve compacta para formar 1 cm de hielo glacial). Nos enseñaron los tipos distintos de ceniza volcánica: los viejos y los nuevos. Un tipo de ceniza vieja (de una explosión de 1918) es tan fina que con el agua del glaciar forma una pasta. El guía nos comentó que tiene muchos minerales y es un buen aislante. El tipo de ceniza más nuevo (de una explosión de 2010) es prácticamente pura roca diminuta. Incluso nos enseñó otra bastante antigua, de un color más claro y que se podía usar como mascarilla para el cutis: un tratamiento completamente natural.



Bajamos a un lugar en donde el hielo se veía de un azul increíble y ahí nos explicaron la razón por la que el hielo tiene distintos colores: el oxígeno y la luz del sol. Entre más azul es el hielo, más duro es. También tomamos agua del glaciar, al puro estilo explorador. No todos lo intentaron, por su puesto que yo no perdí la oportunidad. El problema fue que las dos veces que lo intenté, el guía tuvo que ayudarme a levantarme (entre que no había dormido mucho y que no paraba de reír porque no me podía parar, el guía tuvo que ayudarme). No sé cómo describir el sabor y la frescura del agua; es celestial. Durante la caminata vimos a otros grupos escalando en hielo y los guías nos explicaron cómo se hacía, además nos dejaron intentarlo en una pequeña pared que había en una grieta en la que entramos.



La compañía con la que fuimos a esta caminata se llama Mountain Icelandic Guides. Tienen distintos tipos de expediciones a las que espero poder ir algún día. Son expertos en montañas y glaciares. Salen con grupos pequeños y son extraordinarios. De hecho, hacen expediciones en Groenlandia y nada más de oírlo agregué Groenlandia a mi lista de lugares que quiero visitar.

Me fascinó la experiencia y disfruté cada segundo de las tres horas. Ahí conocimos a dos chavos y una chava de Nueva York que nos platicaron de una cascada escondida muy cerca de la catarata grande que está junto al glaciar.

Al terminar la caminata, nos terminamos nuestros sándwiches y nos dirigimos a la cascada escondida. Por suerte, mi amiga encontró información en línea de cómo llegar. Una vez que estacionamos el coche, una pareja venía saliendo de la cascada y nos ayudaron a confirmar que teníamos que saltar una cerca para llegar. No me deja de sorprender el hecho de que haya una catarata muy popular a la que todo el mundo va junto a una cascada escondida de la que muy pocos saben. Creo que pasa con todas las cataratas populares. Casi toda la información que utilicé para planear mi viaje la obtuve de blogs. No tengo idea de cómo encuentran esas cascadas escondidas, supongo que explorando, y después se pasa la voz.




Islandia es una isla muy grande, aun así una isla. Tiene los paisajes más increíbles que jamás haya visto. Tiene de todo. A veces, hasta te sientes caminando en un set del Señor de los anillos. Pero cada vez más gente la visita y algunos lugares ya se están convirtiendo en lugares turísticos a los que es muy fácil llegar, pero no me gusta nada. Le quita el encanto. Espero que la mayoría de las cataratas y lugares tan increíbles que visitamos se queden como están. Los seremos humanos tendemos a convertir bellezas naturales en construcciones horribles para desde ahí “apreciarlas”. No es necesario. Espero que aprendamos a respetar la naturaleza y dejarla en paz.

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